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Argentina - ¡Felicidades!... lo peor está por venir |
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...Para mayores referencias periodísticas, el sitio pertenece a Edgar Mainhard, un insistente periodista que se repone rápidamente de los bajones profesionales de su carrera y al que algunos siempre vincularon con los servicios de inteligencia argentinos. Hecho que él nunca se ocupó en desmentir, quizás por aquél viejo apotegma que reza "prefiero que me odien a que me obvien"... Con independencia de lo antedicho, la información es muy buena. En síntesis, dos estupendos balances y visiones uno de Claudio Chiaruttini y otro de Clara Scagliarini, textualmente transcriptos... |
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Por Claudio Chiaruttini
Merced a
Urgente 24 podemos realizar un
balance del año. No es poco si tenemos en cuenta todo lo ocurrido en la
política y en la economía y que, por tener copias de los editoriales previos,
es posible detectar errores y aciertos producidos durante el 2005.
Por ejemplo, entre los errores estuvo considerar que Eduardo Duhalde y el
duhaldismo le iban a hacer fuerza al kirchnerismo en la provincias de Buenos
Aires; considerar que el canje de deuda tenía grandes posibilidades de
fracasar, considerar que la cancelación de deudas al Fondo Monetario
Internacional no tendría el apoyo de los economistas y presentar en el
programa a Eduardo Lorenzo “Borocotó” junto con Mauricio Macri.
Entre los aciertos estuvo anticipar el aumento del índice de inflación (casi
el doble del previos por los economistas consultados por el Banco Central),
las constantes sobreactuaciones de Néstor Kirchner, detectar el temprano
nacimiento del cristinismo y anticipar los sucesivos movimientos para sumar
poder institucional.
Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación que obtiene 3 años
de crecimiento del PBI superior a 9% anual acumulativo, que asegura que creó 2
millones de puestos de trabajo, que realizó el canje de deuda del mayor
default de la historia, con la mayor quita nunca conocida y con las
condiciones más duras sin obtener críticas de las AFJP que perdieron 40% del
ahorro de sus clientes, los bancos, que perdieron 50% de su patrimonio y de
los propios bonistas, que les robaron 70% de su capital.
Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación que logró una
expansión económica de 30 puntos, exportaciones que superan los 40.000
millones de dólares, que tiene la capacidad instalada trabajando casi al 100%,
con una lluvia de consumo financiada a 12 cuotas con tarjeta de crédito y
datos estadísticos que muestran un despegue económico apoyado sobre un colchón
de 40% de pobres.
Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación que se impone en las
primeras elecciones intermedias de su mandato, que logra mayorías
parlamentarias por votación o cooptación, que se desprende de sus enemigos con
una facilidad impactante, que despidió a Roberto Lavagna sin afectar la
economía y que trata de consolidar su proyecto político personal sin que la
oposición se despierte de su siesta.
Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación que termina el año
con 70% de imagen positiva, donde los pronósticos agoreros no se cumplen, que
habla sólo en actos políticos y no acepta realizar ni una conferencia de
prensa.
Tomando las palabras del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a Infobae: “es
muy difícil darse cuenta dónde está el error cuando uno dedica tanto tiempo y
esfuerzo a la función pública”. Desde este editorial, vamos a darle una
mano para encontrar algunos errores y tratar de explicarle las verdaderas
causas de muchos aciertos. Por ejemplo:
> Los tres años de crecimiento del PBI son fruto del esfuerzo privado y, en
mucha menor medida, por obras públicas. En el caso de los privados, el ahorro
financia el crecimiento. En el caso del gasto público, el dinero obtenido por
retenciones, inflación, consumo e impuesto al cheque (todos privados) son las
fuentes de la recaudación.
> La creación de fuentes de trabajo también es esfuerzo privado. El Estado no
dio una sola medida oficial de aliento a la toma de nuevo personal. Incluso,
de los planes Jefes y Jefas, en 40 meses, sólo 400.000 encontraron trabajo.
> En un mismo año, le quitamos a los privados 68.000 millones de dólares por
el canje de deuda y le pagamos al FMI, en tres años, 25.000 millones de
dólares. Paradojas de un país que castiga a los ahorristas locales y no deja
de quedar bien con la Casa Blanca.
> Las exportaciones se basan en un campo que hizo inversiones en la década del
´90 (también sin apoyo oficial), altos precios internacionales y una suba de
precios causada por el ingreso de China al mercado mundial.
> La fiebre del consumo es la contraparte de una sociedad que no ahorra y que,
en el peor de los casos, se endeuda en un marco social de alto desempleo, gran
número de empleo en negro y una gran cantidad de pobres e indigentes que
tardan cada vez más en ascender socialmente.
> Le pagamos al FMI en 40 meses el dinero equivalente a 10 millones de planes
Jefes y Jefas de 500 pesos mensuales durante 15 años. Pero, al mismo tiempo,
una persona que gana 1.000 pesos tiene una carga fiscal de 40% y 250.000
nuevos trabajadores van a tener que pagar más impuestos.
El gobierno suele utilizar publicitaria y politicamente datos macroeconómicos
positivos. No inventa realidades, las utiliza. Sin embargo, muchos de esos
resultados no son frutos de la acción del Poder Ejecutivo, son efecto de un
clima internacional pocas veces visto en los últimos 50 años o el rebote de
una crisis local que se desarrollo durante 4 años (hay que recordar que en los
´90, la Argentina soportó estoicamente los efectos Tequila, Dragón, Vodka y
terminó por caer con el Caipirinha).
Pero cuando los datos no son positivos, el gobierno suele crear sus propias
realidades. Por ejemplo, la Argentina pasa por una fase de aislamiento
internacional pocas veces visto en 200 años de historia. Nuestras relaciones
exteriores se basan en Venezuela, algo en Brasil y un poco de buen voluntad de
Chile y Uruguay. A pesar de su apoyo en las Naciones Unidas, Néstor Kirchner
no pudo viajar a Cuba en todo su mandato.
El Presidente de la Nación estructura su poder a través de anuncios de corto
plazo, políticas efectivas y encuestas. La Casa Rosada pelea primero batallas
mediáticas, cuando las gana, las institucionaliza. Es un modelo de populismo
basado una teoría comunicacional: la espiral de silencio de Noelle Newman,
pero con un pizca de condimentos argentinos aportados por Eliseo Verón y el
control ideológico de la agencia oficial de noticias, TELAM.
El Poder de Néstor Kirchner es el poder de la caja. El dineroducto trabaja a
pleno. Aún hoy, no sabemos cuanto le costó a la Argentina el triunfo electoral
del 23 de octubre al Presidente de la Nación. No sabremos nunca cuanto le
costará a la Argentina la reelección de Néstor Kirchner en 2007. Poco importa
el monto, como sostiene Nicolás Maquiavello, el dinero no es un fin en si
mismo, sólo un medio. En la Argentina, el dinero es medio y fin.
Néstor Kirchner no le importa que la Argentina cambie La Rioja por Santa Cruz,
Anillaco por Calafate o ATN por anuncio de obras públicas. Le importan los
resultados y ellos están a la vista: el peronismo está en vías de control o
desaparición, el radicalismo no es más que un buen recuerdo o una línea
interna del kirchnerismo, el menemismo murió, lo mismo que el cavallismo, el
alfonsinismo y el duhaldismo.
El saadismo es dócil. El Frepaso ya forma parte del gobierno. El ARI fue
vaciado de dirigentes, de gente y de contenidos. Derecha e Izquierda son
atomizaciones desarticuladas. Los piqueteros están controlados.
La CGT es adicta. Los empresarios están acobardados o adhieren efusivamente a
la Casa Rosada. Los banqueros aplauden. Los economistas no tienen más peso ni
poder. El periodismo, en su mayoría, está coptado a peso de pauta
publicitaria.
Hermes Binner, Ricardo López Murphy, Luis Patti, Elisa Carrió, Mauricio Macri,
Jorge Sobisch y Patricia Bullrich no son más que una foto curiosa en un
Congreso impotente o, en el peor de los casos, dócil a los reclamos del
matrimonio presidencial.
Todos quieren ser peronistas: los kirchnerista, los duhaldista, los adolfistas,
los transversales. Los radicales sueñan con ser peronistas. Los socialistas
envidian a los peronistas. Luis Patti y Mauricio Macri son filoperonistas. Es
la consecuencia clara de que el poder, por los próximos años, pasará por el
peronismo.
En el camino, el sistema político se derrumba. Crece el voto en blanco, el
voto nulo y el ausentismo. No se realizan internas. No hay más partidos. No
importan las elecciones, si las encuestas. No importa el voto, se dejará
asumir a quién el poder de turno quiera. No importa el resultado de las
elecciones, los elegidos pueden saltar de una estructura a otra con el aplauso
del poder de turno.
El desinterés, la apatía y el abandono de la ciudadanía frente a la política
no es una causa, es un efecto. Los políticos hacen escuela en la destrucción
de la política.
Poco importa en un país en donde 85% de las leyes no sirven, donde la Casa
Rosada gobierna a fuerza de Decretos de Necesidad y Urgencia o donde el
Congreso vota graciosamente la intangibilidad de los depósitos bancarios,
luego aplaude el default, luego anula leyes (cuando una ley puede ser
derogada, pero nunca anulada), más tarde aprueba el canje de deuda en 19
minutos, tarda 10 minutos en darle Superpoderes al gobierno y acepta el pago
al FMI en forma masiva. Cualquier jurista, con este racconto, pediría un
psiquiatra.
Poco importa si Néstor Kirchner logra capitalizar o no sus triunfos.
Poco importa si Néstor Kirchner realiza o no reuniones de gabinete.
Poco importa si Néstor Kirchner tiene o no plan de gobierno.
Lo único cierto es que Néstor Kirchner, como Raúl Ricardo Alfonsín y Carlos
Saúl Menem en el paso, es el único que se fija metas políticas, todo el
tiempo, todos los días, en todos los campos y obtiene resultados. Cuando el
resto improvisa o solo habla, Néstor Kirchner actúa y triunfa cuando el resto
apenas flota políticamente.
Para el 2006, Néstor Kirchner tiene objetivos. Y es muy difícil que la
oposición logre evitar que los consiga. Como destacó Carlos Fara en El
Cronista, Néstor Kirchner quiere la reelección, pero por aclamación, por
clamor popular. La campaña comenzó la semana pasada y la lanzó el Jefe de
Gabinete, Alberto Fernández.
Además, Kirchner va a tratar de controlar todo poder u organismo de control
que haya en la Constitución Nacional. Ya lo vimos con el Partido
Justicialista, con la CGT, con la Sindicatura General de la Nación, con la
Auditoría General de la Nación, con la Suprema de Justicia y, ahora, con el
Consejo de la Magistratura. El siguiente paso es la Justicia Federal, la
Justicia Electoral y la cámaras respectivas.
En forma paralela, va a esmerilar a la oposición y tratar de coptar cualquier
emergente que aparezca en el horizonte político. Como dice Carlos Fara “los
freezers están hechos para conservar e inmovilizar”, sino pregúntenles a
Roberto Lavagna y Rafael Bielsa.
Para que se cumplan los planes de Néstor Kirchner hay pocos escollos en el
horizonte: no hay elecciones en el corto plazo, pero se puede inventar una
como, por ejemplo, llamar a una reforma constitucional; mantener atomizada a
la oposición y rezar para que se mantenga el viento de cola en la economía
mundial para que la economía siga creciendo.
Sin embargo, la mayor oposición a Néstor Kirchner es el propio Néstor Kirchner
o su esposa. La pareja presidencial construye poder y lo destruye con una
facilidad impactante lo que confirma que sus movimientos son estudiados, pero
nunca hay un Plan B para neutralizar las oposiciones circunstanciales que
aparecen. Entonces, el gobierno todo tiene que salir a poner el pecho para
recuperar el terreno perdido o para reducir el daño causado.
El tema Consejo de la Magistratura era clave. La propuesta era una obsesión de
Cristina. Era una pieza más en el control de los órganos de control. Se
suponía que el tema debía pasar inadvertido. En vez de ganar tiempo, de tomar
por sorpresa a una oposición distraída, se forzó el proyecto. Cristina lo
necesitaba después de la derrota ante el desplazamiento del socialista Rubén
Giustiniani de la Comisión de Asuntos Penales del Senado.
Fue una típica movida kirchnerista: ante una derrota menor en los medio, crear
una crisis de mayor proporciones donde imponerse políticamente. Sin embargo,
la presión sobre el Congreso aglutinó a un oposición que se encontraba
desarticulada e impotente. De pronto, las críticas de Néstor Kirchner
legitimaron a la oposición. Incluso, a la alicaída Patricia Bullrich y el
golpeado Ricardo López Murphy.
Desde la Casa Rosada aseguraron que esperaban la foto de toda la oposición
junta contra Néstor Kirchner. Que la buscaron. Frases como “que se junten,
para que la gente vea que el pasado está ahí” no hacen más que mostrar la
intolerancia presidencial.
Parece extraño que Néstor Kirchner haya descalificado al grupo opositor como
“la Alianza residual” cuando el propio Presidente de la Nación está cooptando
a los restos humeantes de la Alianza para recrear la Transversalidad y acaba
de nombrar al “Chacho” Alvarez en su gobierno.
Asegurar que los cambios en la Magistratura son para ahorrarse 7 millones de
pesos cuando el país recaudar 120.000 millones de pesos o se gastan 300
millones de pesos en publicidad oficial parece una cargada a la ciudadanía.
En todo este proceso, el kirchnerismo convierte en triunfo sus derrotas. El
duhaldismo residual está a un paso de romperse en el Congreso. El radicalismo
va camino a desaparecer. Se amenaza por los medios a Rafael Bielsa. Los
juristas fueron ignorados. Los periodistas críticos fueron criticados. La
oposición no fue escuchada.
Después de tanto ruido, el kirchnerismo obtuvo un dictamen mayoritario a
favor, empezó a juntar los votos para imponer el proyectos y postergó la
votación a febrero; los juristas y los periodistas siguen son ignorados y la
oposición logró una buena foto en la tapa de La Nación.
En la Argentina, Néstor Kirchner no crecer por su propia acción, crece por el
enanismo de la oposición. El populismo presidencial se fundamenta en las
debilidades estructurales del proyecto kirchnerista y en el vacío intelectual
de la oposición.
En una América latina donde se imponen Hugo Chávez o Evo Morales y donde crece
el peso de Ollanta Humala en Perú, los sueños populistas del kirchnerismo
encuentran clima favorable. Y las bases del populismo es una buena cantidad de
pobres, una oposición vacía y una propotencia manifiesta. Tres condimentos
claves dentro del gobierno de Néstor Kirchner.
La excusa de la prepotencia oficial son los votos. Néstor Kirchner defiende el
proyecto de cambio en el Consejo de Magistratura amparado en el resultado de
las elecciones del 23 de octubre. El Jefe de Gabinete, Alberto Fernández,
solicita poderes extraordinarios usando el apoyo popular del 23 de octubre. El
proyecto para cancelar la deuda con el FMI se impone en el Congreso bajo el
paraguas de las elecciones del 23 de octubre pasado.
Desde la Casa Rosada se dice que el 23 de octubre se ganaron las elecciones
por 45%, desde la oposición se levantan cifran que van del 40% al 25%. Sin
embargo, medido en poder real, es decir, cantidad de gobernadores,
intendentes, diputados y senadores que apoyan el proyecto K, son mayoría.
Pero Néstor Kirchner puede darse el lujo de ser prepotente y modificar la
realidad para ajustarla a su proyecto personal dado que realizó 100 actos de
campaña y repartió 5.000 millones de pesos para ganar adeptos. Pero otros son
recientes advenedizos y se suman a esa prepotencia sin justificación.
Por ejemplo: el Jefe de la Bancada de Diputados K, Agustín Rossi sostiene que
“la mayoría no puede ser avasallante, pero tampoco avasallada” olvidando que
el kirchnerismo es la primera minoría, no la mayoría y que la disidencia no es
avasallamiento, es opinión diferentes.
Otro ejemplo: El teniente general Roberto “Banquito” Bendini ordenó el retiro
obligatorio del mayor Rafael Mercado por que su esposa, María Ceclia Pando es
crítica con su accionar. Debe ser la primera vez que el Ejercito Argentino
ataca a un oficial por las opiniones de su esposa. Si eso no es machismo, ¿que
será machismo? Una excelente señal para la ministra de Defensa, Nilda Garré.
Otro caso de prepotencia: se quiere forzar a los empresarios a congelar los
precios de 500 productos, por 1 año, a pesar de que los sotcks industriales
van en contra de los esfuerzos para bajar los precios. Vamos camino precios
máximos o precios congelados, todo sea para derrotar la anti popular
inflación.
Incluso, la prepotencia llega a otros ámbitos: sólo así se explica que en la
Provincia de Buenos Aires se aumenten los impuestos sobre los valores del
campo 120% o que se puedan incautar autos por sospechas de evasión impositiva.
Por su parte, en Corrientes, para que no cesiones la oposición, se cerró la
legislatura en forma compulsiva.
Cada funcionario se baña en las aguas de la prepotencia de Néstor Kirchner.
Así, el populismo se viste de prepotencia y se presenta como anarquía. No es
fruto de la casualidad, es fruto de la acción de Néstor Kirchner, es fruto de
una actitud al gobernar.
En este camino, el 2006 va a profundizar las malas prácticas políticas. Más
populismo, más prepotencia, más anarquía.
Cuando la gente votó el 23 de octubre votó por un modelo. Cuando 70% de la
gente expresa su apoyo a la gestión presidencial apoya este modelo de actuar,
este modelo de hacer.
Es fin de año, es tiempo de balance. Sin embargo, para arrepentimientos ya es
tarde. Hay que esperar el futuro. Hay que soportar el futuro. Es hora que los
argentinos aprendan que sus decisiones políticas tienen efecto. Hace 200 años
que ignoramos esta ley básica de comportamiento social.
Felicidades, lo peor está por venir.
Pa'delante y pa'atrás, pa'delante y pa'atrás
Por Clara Scagliarini
Terminó el 2005 y el título de esta nota sólo refleja el
estado en el que uno queda, luego de la comida bien europea (a pesar del
calor), los brindis, los abrazos con la numerosa familia “tana” a la
que pertenezco, y donde las nuevas generaciones sabotearon las viejas
canzonettas napolitanas del nono Tittuccio, por la cumbia villera.
Y mientras esta madrugada, intentaba seguir los pasitos de los adolescentes
con el “para arriba, para abajo” de la canción, empezó a gestarse este
Editorial.
Una primera definición del año que ya terminó, es en principio eso: Para
adelante y para atrás. Así puede definirse políticamente lo que vivió nuestro
país en el 2005.
Sin pretender analizar cada una de las cuestiones políticas que hemos vivido
juntos –amén de que colegas más ilustrados ya se han ocupado de reseñar- es
importante resaltar los hechos que realmente fueron relevantes y que se
muestran ya no como aislados, sino como la suma de un todo.
En primer lugar y desde el punto de vista de que el 2005 fue un año electoral
(como lo será el 2006), el gobierno trabajó fuertemente sobre dos cuestiones:
construir un poder propio - y no prestado como el que tenía al asumir - y
avanzar en lo económico con un fuerte crecimiento de la recaudación y de las
reservas, lo que no significó necesariamente la recuperación de la economía.
Desde lo netamente político, la estrategia del presidente Néstor Kirchner de
deshacerse de la oposición, puso a trabajar desde temprano, el engranaje del
clientelismo, quedando a la vanguardia de todo lo conocido hasta hoy.
> Cooptó gobernadores de todo signo político a cambio de promesas de obra
pública, lo que le valió ganar la elección a más de uno y que ahora deberán
pagar los favores recibidos, haciendo que sus senadores y diputados estén
prestos a levantar la mano para los proyectos de Ley que el gobierno demande
este nuevo año.
> Aseguró la tan mentada transversalidad (esa prostituta de la política
argentina), con políticos “independientes”, lo que en nuestro país significa
aliarse con cualquiera y en cualquier circunstancia, a cambio de......(póngale
el precio).
> Le arrebató a todos (especialmente al peronismo ortodoxo) la provincia de
Buenos Aires, ese bastión donde nace la perversidad del poder político en la
Argentina; se deshizo parcial, pero efectivamente del duhaldismo (aunque no
pudo con Chiche) desmembrando el poder de los intendentes y cambiándolos de
vereda (ahora el sol se pone desde el sur); dejó afuera al candidato a senador
Ricardo López Murphy, debilitando la alianza PRO en su pata bonaerense;
aseguró a su esposa Cristina Fernández el lugar privilegiado de obtener el
porcentaje de votos que legitimara – por lo menos con su apellido – lo que no
pudo obtener él mismo, en el 2003. La sidra y el pan dulce peronista, fueron
reemplazados en la Argentina 2005 por electrodomésticos.
> El denodado esfuerzo realizado para la elección del 23 de octubre, rindió
sus frutos: mayoría en el Senado y una altísima representatividad en la Cámara
de Diputados. No alcanzándole con el número logrado, robó a Borocotó de las
filas macristas y echó a Luis Patti.
> Para todos los pasos antedichos contó con una oposición desorientada,
incapaz, ineficiente y sin estrategia.
Y así, dio tantos pasitos “pa adelante”. Pero... (siempre hay un pero),
los costos que deberá pagar el gobierno por algunas de las decisiones tomadas
y las que se sabe va a tomar, van a ser muy altos. La ciudadanía (ese monstruo
grande que pisa fuerte en nuestro país, cuando se harta) puede despertarse del
largo letargo y empezar a exigir. Una muestra acabada de ésto, fue la
Audiencia Pública armada por los líderes de la oposición en el Congreso
Nacional, rechazando las modificaciones al Consejo de la Magistratura. ¿Otro
pasito pa’ atrás? Ya tuvo que darlo con el episodio del senador Rubén
Giustiniani vs. Cristina Kirchner vs. Daniel Scioli.
El Presidente no supo todavía cómo capitalizar lo habido y ya perdió más de lo
que ganó, con acciones que disgustan a muchos (de adentro y de afuera del
Poder; de adentro y de afuera del Congreso; de adentro y de afuera del país).
Su actitud soberbia y omnipotente ve fantasmas donde no los hay ( y muchos
empiezan a ver fantasmas como él); ve enemigos donde debería ver opositores (y
algunos opositores, ya se ven como enemigos); le puso una mordaza a todo su
gabinete, donde nadie habla sin permiso, nadie decide sin su autorización,
nadie cuestiona decisiones (y ya algunos ministros, no gestionan, no cumplen
con el rol para el cual debieron ser designados, mientras otros crecen
desmesuradamente para distribuir el poder acumulado); también ve alianzas
estratégicas donde no las hay (es imposible medir las consecuencias de las
relaciones carnales con Venezuela y las que comenzarán con la Bolivia de Evo
Morales); disgusta a gobiernos de países que – estratégicamente podrían ser
funcionales a nuestro desarrollo - con caprichos y desaires que sólo ocultan
la voracidad por alcanzar un liderazgo regional que está muy lejos de su
capacidad.
Pero mientras algunos fantasmas no existen, otros sobrevuelan al Poder
Ejecutivo. Nada puede desagradar más al presidente que perder popularidad. Por
eso hoy, gran parte del periodismo argentino escribe un “Diario de Yrigoyen”
para la ciudadanía. La pauta publicitaria es un gran aliciente a la hora de
opinar (a favor). El peligro latente es que avance sobre el periodismo
independiente, con alguna ley mordaza a la argentina, impidiendo el libre
ejercicio de la libertad de expresión, viendo “conspiración” donde sólo
hay disenso. La democracia se construye en la pluralidad de ideas, con
respeto, tolerancia y la búsqueda del bien común.
Brindo por una “Argentina en serio”; que se haga realidad el slogan de
campaña de nuestro gobierno. Feliz año para todos y los dejo como empecé: con
la estrofa de una de las canciones más coreadas en nuestra fiesta, que también
me recordó a la Argentina, mi país.
“Arriba morocha / que nadie está muerto/ vamos a punguearle a esta vida
amarreta / un ramo de sueños. Avanti morocha/ no nos llueve tanto/
no tires la toalla que hasta los más mancos/ la siguen remando.”