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Ciencia - INTI - La Computadora de Cien Dólares

Buenos Aires, 04 de noviembre de 2005 – Enrique Martínez, es uno de los más serios funcionarios gubernamentales (a diferencia de otros como "los" Fernández, Daniel Filmus o Roberto Lavagna que parecieran vivir en otro país) y desde su lugar, consiguió darle un inusual impulso a la tecnología industrial local. Opina aquí sobre la nueva idea de la denominada "PC de los Pobres". Si bien en el Cat-ÑUS podemos no coincidir en todos los conceptos vertidos, no por ello resulta menos interesante una profunda lectura.

04/11/2005

Por Enrique Martínez*, ESPECIAL para Cat-ÑUS

Nicholas Negroponte, director del Laboratorio de Informática del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), junto con un grupo de colegas, ha tomado una iniciativa muy provocativa en términos intelectuales: producir computadoras portátiles a menos de 100 dólares de costo, para mejorar sustancialmente el acceso a la educación de los chicos y jóvenes del mundo periférico.
Son pocos los que hasta ahora le creen. Sin embargo, Negroponte anunció su iniciativa en febrero pasado y acaba de presentar algunos componentes de la máquina, anunciando que podrán empezar a producir a fines de 2006, con un horizonte de más de 100 millones de unidades en 2007. También ha informado que hay cinco grandes empresas con compromisos preliminares para la producción y que han concretado por lo menos dos fuertes innovaciones técnicas que van en el camino de asegurar que el producto se logrará.

Su fórmula tiene dos grandes componentes conceptuales:
Primero, la innovación tecnológica en el diseño de la pantalla; en la simplificación del sistema operativo; en el uso de lenguaje Linux, que evita pagar regalías a Microsoft; en la eliminación del disco duro. El resultado esperado – fuertemente deseado e imaginado – es un equipo que cueste 90 dólares y que reserve 10 dólares para una pequeña ganancia, ofreciendo todas las prestaciones normales, incluyendo conexión a Internet y posibilidad de acceso telefónico desde la unidad.
Segundo, una venta por millones – centenares de millones – por fuera del mercado, directamente a gobiernos, para que éstos las distribuyan en los colegios. Cada niño llevará el equipo a su casa y – según la visión – cambiará la forma de relacionarse con el mundo de toda la familia.
El fundamento conceptual, por lo tanto, se expresa de la siguiente manera:
La educación es la base de todo. Se debe poner la innovación, con enorme esfuerzo creativo, al servicio de la educación, y para ello se distribuye un elemento esencial – una computadora moderna, con acceso a la información global – por fuera del mercado. El instrumento a distribuir forma parte de la prestación pública obligatoria del Estado, dice Negroponte.

El planteo es absolutamente compartible y podría ser perfecto, salvo por una duda: ¿es la educación la base de todo?
Antes que eso, ¿no están la seguridad alimentaria, la vestimenta y la vivienda?
Suponer que la educación es la primera condición necesaria implica postular que habilita para conseguir todas las demás necesidades en el mercado. ¿Es así? ¿Podrán los niños pobres utilizar adecuadamente la computadora de 100 dólares suministrada por sus gobiernos, en caso de no tener comida ni techo? Nuestra realidad cotidiana no sólo sugiere sino que afirma otra cosa.
Creo, sin embargo, que la iniciativa de Negroponte es fabulosa. Vincula el mundo del conocimiento más destacado, más sofisticado, con las necesidades de la base social y además muestra que se puede establecer un círculo virtuoso si se asigna al mercado un papel marginal o nulo, en lugar del papel central.

Keith Haring. Sin título, 1984. Galería Kaess-Weiss, Stuttgart

Desde estas playas periféricas, creo que nuestros gobiernos debieran aplaudir esta iniciativa. Incluso creo conveniente que Argentina acompañe a Brasil, que ya tomó la iniciativa de apuntarse con un 1 millón de máquinas para empezar.
Pero además, creo que esta lógica debe ser extendida con urgencia – ya – a los bienes esenciales para la subsistencia. El programa de abastecimiento básico comunitario (ABC) que el INTI intenta llevar adelante – con muchas dificultades – parte exactamente del mismo principio que lo ha hecho el MIT: combinar tecnología con una subordinación del papel del mercado. En nuestro caso, seguramente podríamos ser en el futuro mucho más imaginativos, si nos liberáramos de nuestros propios temores y prejuicios, y si contáramos con el adecuado aval cultural y político de la comunidad. Podríamos explorar a fondo cada tecnología, para hacer la producción eficiente de alimentos, vestimenta y vivienda accesible a grupos comunitarios de casi cualquier dimensión, por pequeña que sea. Superando las limitaciones en que hoy se desarrollan los módulos experimentales en marcha, podríamos llegar a darle a esta iniciativa forma de política pública generalizada, con el mismo lugar que ocupan la escuela o el hospital en el imaginario colectivo. En ese marco, sería factible organizar la provisión y distribución masiva de los bienes de capital necesarios y generalizar la capacitación con que deben contar todos los que participen en los procesos productivos.

Imaginemos un mundo en que el ABC criollo y el proyecto Negroponte se instalaran con toda fuerza. Que comer, vestirse, alojarse y educarse fueran derechos casi enteramente asegurados, con un rol sólo marginal para el mercado. Si se quiere, en un exceso de entusiasmo, agreguemos una atención de la salud al alcance de cada compatriota.
En ese mundo me gustaría vivir.

* Presidente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial)

Contacto: Enrique Martínez, consultas@inti.gov.ar

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