Esos militantes “transversales” (eufemismo
que el matrimonio Kirchner se ocupó de poner en boca de todos para no
reconocer su “no-peronismo” o su “no-justicialismo”) irrumpieron en el
Salón Monserrat del elitista Hotel Intercontinental porteño -apenas
minutos antes de que el informativo de Canal 13 y Todo Noticias diera la
victoria a “boca de urna” para Cristina Kirchner- y esgrimieron consignas
y cánticos casi idénticos a cuando Héctor Cámpora llegó a la primera
magistratura argentina en marzo de 1973.
Las diferencias principales eran que éstos –a diferencia de aquellos-
empuñaban en sus muñecas sendos relojes de varios cientos de pesos (o
dólares), que los nombres de los protagonistas de los mismos eran
diferentes, y que en lugar de “Cámpora al Gobierno, Perón al Poder” aquí
ya se adivina un tufillo a “Cristina al Gobierno, Kirchner al Poder”.
Además, de que el volumen corporal de estos militantes tiene más
referencia con el sedentarismo que con el arduo trabajo “en las bases”…
Esa “revolución” actual de la que hablan en charlas de café dichos
militantes es tan vaga como lo es, contradictoriamente, la severa “amnesia
selectiva” que padecen; ya que olvidan que “por ella” decenas de personas
fueron masacradas en Ezeiza en 1972, y que un poco antes, ya la Triple A
de José López Rega (albaceas testamentario y heredero doctrinario de
Perón) había iniciado lo que luego se conocería como Terrorismo de Estado,
contra todo aquél que pensara distinto, fuera éste peronista o no.
Es más, aún hoy en día –a más de 30 años- existe el debate del por qué
decenas de dirigentes “pejotistas” pudieron quedar al margen de las
atrocidades cometidas por la última Dictadura 1976-1983, mientras que
cientos de jóvenes, por citar solo a los militantes del partido
justicialista –hombres y mujeres- sufrían los horrores del secuestro,
tortura, violación, desaparición y muerte en sendos campos de
concentración organizados por la triada de Videla, Massera y Agosti, para
tal fin.
Resulta, por lo menos, torpe discutir que -entre otras cosas- por “culpa”
de los extremos dentro del PJ en los ´70, las calles argentinas comenzaron
a teñirse de sangre y de alguna u otra forma, se “llevaron puesta” a toda
una generación.
El pasado se refleja en el presente, siempre, y ni bien los medios
nucleados bajo el Grupo Clarín dieron como ganadora a Cristina Fernández
de Kirchner ya desde el “boca de urna”, muchos de esos militantes
calificaban de “gorilas” a la oposición, que era derrotada.
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| El principal humorista de La Nación, NIK, refleja así una honda preocupación... |
Lo que preocupa a buena parte de más de la
mitad de los electores argentinos que no renovó la confianza en el actual
gobierno kirchnerista, es saber a quién se “llevará puesto” este segundo
mandato.
¿A la clase baja? ¿A la clase media? ¿A los inversores? ¿Al mercado? ¿A
las instituciones?...
Pues bien, estos ítems serán objeto de análisis en otras notas, aquí
mismo, porque lo que ahora importa es esbozar algunas conclusiones
post-elecciones con la idea de entender – o de tratarlo, al menos- cómo
serán los cuatro años venideros.
En lo que respecta a las elecciones, es clara la victoria de Cristina
Kirchner a nivel nacional, independientemente de las denuncias de
irregularidades que presentó la oposición –primero mediáticamente y luego
en la Justicia electoral- pero hay un matiz que tiene en este caso solo al
justicialismo –por llamarlo de algún modo- como centro.
Es que, nuevamente, pero más de 50 años después, quiénes ganaron, lo
hicieron más fuertemente entre las clases más bajas, los nuevos votantes y
en buena parte del sector obrero –sindicalizado- y eso se vio de
sobremanera, en el ex cinturón industrial del conurbano bonaerense, según
datos vertidos por las diferentes encuestadoras de opinión pública.
Es decir, que lo que Perón afianzó en su segundo mandato, aquí y ahora los
Kirchner también lo lograron, en una segunda chance.
Es dable destacar que Juan Perón, era un estadista –más allá de sus
someras virtudes y sus estrepitosos defectos- y que Néstor Kirchner y su
esposa, aún no lo son. Por lo pronto, además, Perón era fiel a si mismo, y
el matrimonio K primero “juró fidelidad” al menemismo, luego al duhaldismo
y ahora sí, a su transversalidad. Ahora bien, el sesgo autoritario es algo
que tanto uno como otros, abrazan. La vituperación al que piensa distinto,
también.
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| Otros tiempos... Cuando el Poder estaba en manos de Carlos Menem, era Néstor Kirchner el que necesitaba sentarse a su mesa y con sus colaboradores |
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| Otros tiempos 2... Néstor Kirchner ocupa un lugar de privilegio en la caravana Duhalde-Ortega junto a Ruckauf, Pampuro y Mércuri. |
En cuanto a la nueva oposición, también por
llamarla de alguna forma, Elisa Carrió y su coalición de centro izquierda
comulgaron exponencialmente con el electorado de la Clase Media e
intelectuales. Teniendo en cuenta su origen radical y su alianza con el
renovado y enérgico socialismo, esto era bastante previsible, aunque sus
operadores políticos esperaban una mayor repercusión entre los que menos
tienen.
Si eso no ocurrió, fue, entre otras cosas, porque los que menos tienen no
pueden detenerse “a pensar” en plataformas y propuestas, tienen otras
urgencias y creen, quizás, que el actual gobierno y su prolongación puedan
resolverlas.
El tiempo lo dirá, pero todo parece indicar más una expresión de deseo que
un camino iniciado o por iniciarse.
Otra particularidad de estas recientes elecciones presidenciales es que
dónde mejor performance obtuvo la senadora Cristina de Kirchner es en “el
interior” de cada distrito electoral, ya que en las principales capitales
provinciales o ciudades cabeceras, Elisa Carrió y su Coalición Cívica, se
posicionaron primero y con varios puntos de ventaja.
Casualmente, es en el interior de cada provincial en dónde más se han
recibido denuncias de irregularidades o faltantes de boletas. En la semana
anterior a las elecciones, el sitio local La Política Online (ver nota
aparte) reveló la existencia de un puntilloso instructivo sobre cómo
fraguar las votaciones…
Resumiendo: en los grandes centros urbanos en dónde lo que manda es el
consumo, Carrió logró su mejores números –en la capital argentina se
aventajó a los Kirchner en unos 15 puntos- mientras que en dónde reinan
las necesidades –aún insatisfechas- el actual gobierno nacional obtuvo su
mayor rédito político.
Algo similar ocurrió en la re-elección de Carlos Menem. El final de la
historia, es ya conocido por todos. Mientras que en el caso actual, es
todavía, una incertidumbre.
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| La única forma de poder "digerir" esta situación es ponerla en una viñeta cómica... |
En aquel entonces, los Estados Unidos y el
establishment local obtuvieron en el ex mandatario riojano a uno de sus
“mejores alumnos” y en él lograron la exacerbación de los planes
económicos que a través del FMI y el Banco Mundial, la Nueva Derecha de
Ronald Reagan –y Margaret Tatcher- impulsó en toda la región
latinoamericana bajo el nombre de neo-liberalismo.
Pero claro, no es solo culpa del actual octogenario padre, sino que toda
esta infausta historia arrancó con la última Dictadura y bajo el puño de
Alfredo Martínez de Hoz, siguió con diversos mamotretos de ministros de
Economía y concluyó con el desquiciado –aunque educado en USA- Domingo
Cavallo.
Tras la caída de Fernando De la Rúa, los sucesivos presidentes entendieron
que en el sillón de la Economía debían sentar a un fantoche, para ellos,
tras bambalinas, mover los hilos financieros.
Hecho que hubiera cambiado en caso de haber ganado Carrió, con Alfonso
Prat Gay, y que no cambiará cuando eyecten de su sillón al actual Miguel
Peirano, y lo enroquen por el futuro Mario Blejer.
Lo que ningún primer mandatario parece entender –no se sabe si por
ignorancia o por la más llana estupidez- es que en los países
subdesarrollados es el Mercado el que gobierna… (ver nota
aparte).
Por otro lado, hubo dos grandes sorpresas. Una desde la derecha y otra
desde la izquierda. Una mala y la otra, buena. Todo esto en rigor a la
pluralidad de las opiniones.
Es que, merced a la desprolijidad de Mauricio Macri y su torpeza al no
saber cómo construir una alianza con Ricardo López Murphy, lo llevó a éste
a la masacre política. “El bulldog”, tal cual lo apodaron, solo consiguió
un exiguo 1,45 %, ubicándose séptimo en las preferencias nacionales para
presidente.
Mientras que Fernando “Pino” Solanas, con muchísimo menos andamiaje
partidario y apoyo mediático, se posicionó quinto, con 1,60 %, para las
intenciones de voto presidencial a nivel nacional.
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| Definitivamente sí, algunos dan vergüenza ajena, independientemente de los resultados obtenidos... |
Nada parece indicar que en los próximos tres
meses habrá remesones, ni en la sociedad que llegó a esta elección
vaciada, apagada y dividida en lo político -como no se tiene memoria en
décadas- ni en los mercados financieros. Seguirán, entonces, los pequeños
y medianos ahorristas recurriendo al “chiquitaje” (ver nota aparte) para
cubrirse ante la devaluación, cada vez más persistente, de la moneda
nacional.
Pero, este presente apático para algunos, minoritariamente incierto para
otros, podría tornarse mucho más oscuro tras la asunción presidencial de
la actual Primera Dama.
Es que la frase “segundas partes nunca fueron buenas” puede cobrar
inusitada realidad y será, entonces, el turno de la oposición para
sostener, en el marco de la realidad y no de los espejismo oficialistas,
ciertas instituciones y reencausar el derrotero hacia aguas menos
turbulentas.
El PJ abandonó a De la Rúa a su torpe suerte, pero la oposición sabe que
no puede darse ese “lujo” –por utilizar un eufemismo-. Primero, porque sus
dirigentes –independientemente de su sesgo ideológico- tienen una mayor y
superior catadura moral e intelectual y el desafío estará en cómo los verá
la sociedad al ver que como pueden –o como los dejan- siguen construyendo.
Es decir, sin mayoría propia ni en Senadores ni en Diputados. Y eso fue lo
que sugirieron tanto Carrió como Roberto Lavagna en sus discursos
reconociendo la victoria oficial. Seguir adelante, pese a la hegemonía del
Poder.
Por ende, veremos -como sempiternos espectadores- si la oposición estará a
la altura de las circunstancias cuando el panorama se oscurezca, o hará lo
que el justicialismo en su momento (duhaldistas, menemistas y
provinciales, Kirchner entre ellos) que fue soltar lo más lejos posible,
aquella brasa caliente…





