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Elecciones 2007 - El día después de mañana… ¿qué?

 Los cánticos militantes que pudieron escucharse en el recoleto comando de campaña del Frente para la Victoria tras el éxito de Cristina Kirchner, no revelan otra cosa que la oligofrénica miopía de aquellos que creen que “estar” en el gobierno de Néstor Kirchner o “pertenecer” a su aparato partidario es continuar con aquella Revolución que propugnaba hacia 1970 Juan Perón. El triunfo de la candidata oficialista será entonces, para más de la mitad de un país que no la votó, la profundización de lo mismo que arrancó en el 2003, todo esto en el marco de un caso inédito de re-elección matrimonial.

 

Por poco, el sufragio de Cristina Fernández de Kirchner no termina en un "blooper". Aunque usted no lo crea, la foto la proveyó la agencia oficial de noticias TELAM.
 

Esos militantes “transversales” (eufemismo que el matrimonio Kirchner se ocupó de poner en boca de todos para no reconocer su “no-peronismo” o su “no-justicialismo”) irrumpieron en el Salón Monserrat del elitista Hotel Intercontinental porteño -apenas minutos antes de que el informativo de Canal 13 y Todo Noticias diera la victoria a “boca de urna” para Cristina Kirchner- y esgrimieron consignas y cánticos casi idénticos a cuando Héctor Cámpora llegó a la primera magistratura argentina en marzo de 1973.

Las diferencias principales eran que éstos –a diferencia de aquellos- empuñaban en sus muñecas sendos relojes de varios cientos de pesos (o dólares), que los nombres de los protagonistas de los mismos eran diferentes, y que en lugar de “Cámpora al Gobierno, Perón al Poder” aquí ya se adivina un tufillo a “Cristina al Gobierno, Kirchner al Poder”.

Además, de que el volumen corporal de estos militantes tiene más referencia con el sedentarismo que con el arduo trabajo “en las bases”…

Esa “revolución” actual de la que hablan en charlas de café dichos militantes es tan vaga como lo es, contradictoriamente, la severa “amnesia selectiva” que padecen; ya que olvidan que “por ella” decenas de personas fueron masacradas en Ezeiza en 1972, y que un poco antes, ya la Triple A de José López Rega (albaceas testamentario y heredero doctrinario de Perón) había iniciado lo que luego se conocería como Terrorismo de Estado, contra todo aquél que pensara distinto, fuera éste peronista o no.

Es más, aún hoy en día –a más de 30 años- existe el debate del por qué decenas de dirigentes “pejotistas” pudieron quedar al margen de las atrocidades cometidas por la última Dictadura 1976-1983, mientras que cientos de jóvenes, por citar solo a los militantes del partido justicialista –hombres y mujeres- sufrían los horrores del secuestro, tortura, violación, desaparición y muerte en sendos campos de concentración organizados por la triada de Videla, Massera y Agosti, para tal fin.

Resulta, por lo menos, torpe discutir que -entre otras cosas- por “culpa” de los extremos dentro del PJ en los ´70, las calles argentinas comenzaron a teñirse de sangre y de alguna u otra forma, se “llevaron puesta” a toda una generación.

El pasado se refleja en el presente, siempre, y ni bien los medios nucleados bajo el Grupo Clarín dieron como ganadora a Cristina Fernández de Kirchner ya desde el “boca de urna”, muchos de esos militantes calificaban de “gorilas” a la oposición, que era derrotada.

El principal humorista de La Nación, NIK, refleja así una honda preocupación...

Lo que preocupa a buena parte de más de la mitad de los electores argentinos que no renovó la confianza en el actual gobierno kirchnerista, es saber a quién se “llevará puesto” este segundo mandato.

¿A la clase baja? ¿A la clase media? ¿A los inversores? ¿Al mercado? ¿A las instituciones?...

Pues bien, estos ítems serán objeto de análisis en otras notas, aquí mismo, porque lo que ahora importa es esbozar algunas conclusiones post-elecciones con la idea de entender – o de tratarlo, al menos- cómo serán los cuatro años venideros.

En lo que respecta a las elecciones, es clara la victoria de Cristina Kirchner a nivel nacional, independientemente de las denuncias de irregularidades que presentó la oposición –primero mediáticamente y luego en la Justicia electoral- pero hay un matiz que tiene en este caso solo al justicialismo –por llamarlo de algún modo- como centro.

Es que, nuevamente, pero más de 50 años después, quiénes ganaron, lo hicieron más fuertemente entre las clases más bajas, los nuevos votantes y en buena parte del sector obrero –sindicalizado- y eso se vio de sobremanera, en el ex cinturón industrial del conurbano bonaerense, según datos vertidos por las diferentes encuestadoras de opinión pública.

Es decir, que lo que Perón afianzó en su segundo mandato, aquí y ahora los Kirchner también lo lograron, en una segunda chance.

Es dable destacar que Juan Perón, era un estadista –más allá de sus someras virtudes y sus estrepitosos defectos- y que Néstor Kirchner y su esposa, aún no lo son. Por lo pronto, además, Perón era fiel a si mismo, y el matrimonio K primero “juró fidelidad” al menemismo, luego al duhaldismo y ahora sí, a su transversalidad. Ahora bien, el sesgo autoritario es algo que tanto uno como otros, abrazan. La vituperación al que piensa distinto, también.

Otros tiempos... Cuando el Poder estaba en manos de Carlos Menem, era Néstor Kirchner el que necesitaba sentarse a su mesa y con sus colaboradores

 

Otros tiempos 2... Néstor Kirchner ocupa un lugar de privilegio en la caravana Duhalde-Ortega junto a Ruckauf, Pampuro y Mércuri.

En cuanto a la nueva oposición, también por llamarla de alguna forma, Elisa Carrió y su coalición de centro izquierda comulgaron exponencialmente con el electorado de la Clase Media e intelectuales. Teniendo en cuenta su origen radical y su alianza con el renovado y enérgico socialismo, esto era bastante previsible, aunque sus operadores políticos esperaban una mayor repercusión entre los que menos tienen.

Si eso no ocurrió, fue, entre otras cosas, porque los que menos tienen no pueden detenerse “a pensar” en plataformas y propuestas, tienen otras urgencias y creen, quizás, que el actual gobierno y su prolongación puedan resolverlas.

El tiempo lo dirá, pero todo parece indicar más una expresión de deseo que un camino iniciado o por iniciarse.

Otra particularidad de estas recientes elecciones presidenciales es que dónde mejor performance obtuvo la senadora Cristina de Kirchner es en “el interior” de cada distrito electoral, ya que en las principales capitales provinciales o ciudades cabeceras, Elisa Carrió y su Coalición Cívica, se posicionaron primero y con varios puntos de ventaja.

Casualmente, es en el interior de cada provincial en dónde más se han recibido denuncias de irregularidades o faltantes de boletas. En la semana anterior a las elecciones, el sitio local La Política Online reveló la existencia de un puntilloso instructivo sobre cómo fraguar las votaciones…

Resumiendo: en los grandes centros urbanos en dónde lo que manda es el consumo, Carrió logró su mejores números –en la capital argentina se aventajó a los Kirchner en unos 15 puntos- mientras que en dónde reinan las necesidades –aún insatisfechas- el actual gobierno nacional obtuvo su mayor rédito político.

Algo similar ocurrió en la re-elección de Carlos Menem. El final de la historia, es ya conocido por todos. Mientras que en el caso actual, es todavía, una incertidumbre.

La única forma de poder "digerir" esta situación es ponerla en una viñeta cómica...

En aquel entonces, los Estados Unidos y el establishment local obtuvieron en el ex mandatario riojano a uno de sus “mejores alumnos” y en él lograron la exacerbación de los planes económicos que a través del FMI y el Banco Mundial, la Nueva Derecha de Ronald Reagan –y Margaret Tatcher- impulsó en toda la región latinoamericana bajo el nombre de neo-liberalismo.

Pero claro, no es solo culpa del actual octogenario padre, sino que toda esta infausta historia arrancó con la última Dictadura y bajo el puño de Alfredo Martínez de Hoz, siguió con diversos mamotretos de ministros de Economía y concluyó con el desquiciado –aunque educado en USA- Domingo Cavallo.

Tras la caída de Fernando De la Rúa, los sucesivos presidentes entendieron que en el sillón de la Economía debían sentar a un fantoche, para ellos, tras bambalinas, mover los hilos financieros.

Hecho que hubiera cambiado en caso de haber ganado Carrió, con Alfonso Prat Gay, y que no cambiará cuando eyecten de su sillón al actual Miguel Peirano, y lo enroquen por el futuro Mario Blejer.

Lo que ningún primer mandatario parece entender –no se sabe si por ignorancia o por la más llana estupidez- es que en los países subdesarrollados es el Mercado el que gobierna…

Por otro lado, hubo dos grandes sorpresas. Una desde la derecha y otra desde la izquierda. Una mala y la otra, buena. Todo esto en rigor a la pluralidad de las opiniones.

Es que, merced a la desprolijidad de Mauricio Macri y su torpeza al no saber cómo construir una alianza con Ricardo López Murphy, lo llevó a éste a la masacre política. “El bulldog”, tal cual lo apodaron, solo consiguió un exiguo 1,45 %, ubicándose séptimo en las preferencias nacionales para presidente.

Mientras que Fernando “Pino” Solanas, con muchísimo menos andamiaje partidario y apoyo mediático, se posicionó quinto, con 1,60 %, para las intenciones de voto presidencial a nivel nacional.

Definitivamente sí, algunos dan vergüenza ajena, independientemente de los resultados obtenidos...

Nada parece indicar que en los próximos tres meses habrá remesones, ni en la sociedad que llegó a esta elección vaciada, apagada y dividida en lo político -como no se tiene memoria en décadas- ni en los mercados financieros. Seguirán, entonces, los pequeños y medianos ahorristas recurriendo al “chiquitaje” (ver nota aparte) para cubrirse ante la devaluación, cada vez más persistente, de la moneda nacional.

Pero, este presente apático para algunos, minoritariamente incierto para otros, podría tornarse mucho más oscuro tras la asunción presidencial de la actual Primera Dama.

Es que la frase “segundas partes nunca fueron buenas” puede cobrar inusitada realidad y será, entonces, el turno de la oposición para sostener, en el marco de la realidad y no de los espejismo oficialistas, ciertas instituciones y reencausar el derrotero hacia aguas menos turbulentas.

El PJ abandonó a De la Rúa a su torpe suerte, pero la oposición sabe que no puede darse ese “lujo” –por utilizar un eufemismo-. Primero, porque sus dirigentes –independientemente de su sesgo ideológico- tienen una mayor y superior catadura moral e intelectual y el desafío estará en cómo los verá la sociedad al ver que como pueden –o como los dejan- siguen construyendo.
Es decir, sin mayoría propia ni en Senadores ni en Diputados. Y eso fue lo que sugirieron tanto Carrió como Roberto Lavagna en sus discursos reconociendo la victoria oficial. Seguir adelante, pese a la hegemonía del Poder.

Por ende, veremos -como sempiternos espectadores- si la oposición estará a la altura de las circunstancias cuando el panorama se oscurezca, o hará lo que el justicialismo en su momento (duhaldistas, menemistas y provinciales, Kirchner entre ellos) que fue soltar lo más lejos posible, aquella brasa caliente…

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